Método
El producto se llama Volvex. El jueves se trae un texto de la semana. Carmen guarda el orden: consigna, lectura, corrección. La herramienta no envía.
Antes de abrir nada se escribe quién leerá el resultado, qué puede aparecer y qué está prohibido. «Hazme un correo educado» no es una consigna Volvex. «Recuerda a la comunidad: la derrama pasa del miércoles al viernes, el importe no cambia, una sola frase de disculpa, sin inventar la causa» sí lo es.
Esa frase cabe en cinco líneas de la ficha. A partir del segundo jueves casi todos la saben de memoria. La última línea no cambia: ¿qué debo comprobar antes de enviar?
El modelo propone. Se lee. Carmen se detiene en cada fecha, cada nombre, cada «como hablamos» que nadie habló. Dos añadidos inventados, dos tachones. Eso es la clase.
Tras el descanso, cada cual retoma lo suyo. Carmen pasa detrás de las doce pantallas. No teclea por usted. Pregunta dónde está la línea «por precisar».
A las 21:30 se cierra. No hay deberes puntuados. Las fichas vuelven al despacho. Volvex no manda un vídeo.